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19 de febrero de 20265 min de lectura

La Era del Criterio: Por qué el futuro del trabajo es pensar (y por qué la oficina es el ancla del pasado)

Estamos atravesando un cambio de paradigma que va mucho más allá del desarrollo de software.
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La Era del Criterio: Por qué el futuro del trabajo es pensar (y por qué la oficina es el ancla del pasado)

Estamos atravesando un cambio de paradigma que va mucho más allá del desarrollo de software. Es una transformación en la raíz misma de lo que significa "trabajar". Tengo una idea fija que se me viene confirmando día a día: En el futuro cercano, el único activo real de las personas será su capacidad de pensar y razonar.

De la ejecución a la curaduría

Históricamente, el valor de un profesional se medía por su capacidad de ejecución. El operario que mejor ensamblaba, el administrativo que más rápido procesaba o el programador que más líneas de código escribía. Hoy, la inteligencia artificial y la automatización están devorando la ejecución a una velocidad nunca vista.

Lo que creo es que el desarrollo y la construcción - en cualquier ámbito - quedarán en manos de las máquinas. El rol humano se está desplazando hacia:

  • La Ideación: Concebir soluciones innovadoras que la IA, por su naturaleza estadística, no puede imaginar.

  • La Instrucción (Prompting): Saber qué pedir, cómo pedirlo y bajo qué contexto.

  • El Criterio: Auditar lo que la IA genera. Sin razonamiento crítico, el resultado de una IA es solo ruido.

Esto no solo aplica al código. Un arquitecto hoy puede generar mil planos con IA, pero su valor reside en elegir cuál es el habitable y ético. Un médico usará IA para el diagnóstico, pero su valor estará en la interpretación humana y el razonamiento clínico. El trabajo se vuelve cráneo puro.

El filtro de la experiencia y el muro de los Juniors

Esta evolución explica por qué hoy vemos tanta frustración en plataformas como LinkedIn. La "barrera de entrada de valor" subió de golpe. Antes, un perfil Junior ganaba experiencia haciendo tareas repetitivas; hoy, esas tareas las hace una herramienta en segundos.

El mercado ya no busca manos que ejecuten, busca mentes que entiendan procesos. El problema es que para llegar a ese nivel de razonamiento estratégico, hay que haber pasado por el barro de la práctica, y ese es el gran desafío que las empresas y los nuevos profesionales deben resolver.

El anacronismo de la presencialidad obligatoria

Aquí es donde surge la gran contradicción. Mientras el trabajo se vuelve más abstracto, creativo y estratégico, muchas empresas están forzando una vuelta a las oficinas bajo el rótulo de "híbrido excluyente".

A mi entender, es una excusa para justificar el control. Dicen que el valor es "social", pero lo que realmente sucede es que no saben cómo medir el output intelectual fuera de una oficina. Si el trabajo del futuro es pensar, el entorno de trabajo debería ser libre y a elección. Obligar a un profesional a perder horas en traslados para sentarse en un box a usar herramientas del futuro es, sencillamente, un sinsentido lógico.

Conclusión

Estamos pasando de ser ejecutores a ser directores de orquesta en todos los rubros. El que logre delegar la construcción para enfocarse en la estrategia y la innovación será quien lidere lo que viene. El talento ya no tiene código postal, y el valor ya no está en las manos, sino en el criterio.

¿Estamos preparados para dejar de "hacer" y empezar a "pensar" de verdad? ¿O vamos a seguir usando la presencialidad como un ancla para no enfrentar este cambio?

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